Los problemas de esterilidad y su tratamiento son en sí mismos una fuente de estrés para las personas que los padecen. El diagnóstico de infertilidad trae siempre aparejada una crisis de vital, a ella se une la incertidumbre del tratamiento y en ocasiones la repetición del mismo por fallo del anterior.

No todas las personas reaccionan igual al diagnóstico y de hecho como en cualquier otra crisis vital (por ejemplo un despido o un fallecimiento), se sentirá desesperanza, culpabilidad, baja autoestima, ansiedad, etc. y  serán fundamentales las herramientas que tengan el sujeto y la pareja para afrontar esta crisis. Serán muy importantes ciertas variables de personalidad, patologías previas –si las hay- , red de apoyo social, identificar las fuentes de estrés, etc…

Puede ser el inicio de muchos problemas emocionales, si no se cuenta con el apoyo necesario;

  • A nivel cognitivo se ven desbordados, la estrategia de afrontación de problemas será crucial ¿prefiere buscar información o evadirse con otros temas?, ¿participará de su tratamiento o lo dejará todo en manos de los demás?.
  • A nivel psicológico se pasa por infinidad de estados y no necesariamente de manera lineal, al estado inicial de shock, le siguen otros… negación, confusión, temor, tristeza, incredulidad, culpa…. Además, esto le ocurre a cada miembro de la pareja por separado y a la pareja como unidad familiar.
  • A nivel fisiológico, ansiedad, estrés, aplanamiento emocional…

Por otro lado el tratamiento médico y las etapas por las que pasa son muy duros y si la persona entra en el tratamiento sin las habilidades necesarias tiene muchas posibilidades de vivirlo de manera traumática.

Además, la relación de pareja se resiente por la existencia del problema pero también por el inicio de un tratamiento largo, difícil y extremadamente duro para la mujer. La infertilidad supone una carga añadida en la vida diaria, las continuas visitas al médico, medicaciones, relaciones sexuales programadas… suponen un estrés emocional que puede derivar en una dificultad para expresarse en pareja, en sentimientos dolorosos, en reproches –que se agudizan cuando el diagnóstico se centra en uno de los miembros- y en no pocas ocasiones en separación. Por ello, las parejas con problemas de fertilidad deberían ser conscientes del estrés que se genera y de la desilusión que puede aparecer si el tratamiento falla de forma que se pueda iniciar una terapia psicológica de forma temprana que pueda prevenir la ruptura.

Dentro del tratamiento se valora el nivel de expectativas que la persona o la pareja deposita, tanto en el tratamiento (a corto plazo) como en la maternidad en sí (a largo plazo), con el objetivo de poder trabajar sobre expectativas reales. Se trabajan las ideas y los pensamientos irracionales, y se trata de elaborar proyectos personales y de pareja que no estén focalizados sólo en el área de la maternidad o en la consecución de un hijo.

La intervención psicológica es prevenir problemas emocionales y promocionar la salud, ya que el objetivo es tener un hijo sano y no, perder la salud intentándolo.