Para algunas personas diagnosticadas con infertilidad, esta condición puede ser un estigma, y a diario se enfrentan con situaciones en las que tienen que “llevar” esta situación y para las que no tienen armas psicológicas suficientes.

Una de las miles de decisiones que tendrán que tomar las parejas cuando son diagnosticadas como infértiles será el grado de conocimiento que tendrá su entorno sobre su problema. La persona o la pareja ¿deciden llevarlo en la intimidad?, o ¿deciden contarlo sólo a un amigo íntimo a o un familiar? O por el contrario, ¿deciden contárselo a todo el mundo abiertamente?

La sociedad reclama respuestas que a menudo son inocentes, cuando una pareja se casa o se va a vivir en pareja aparecen las preguntas, ¿para cuándo vuestro primer bebé?, ¿no pensáis aumentar la familia?, ¿a qué esperas para quedarte embarazada? O incluso las críticas,  tenéis que daros prisa, ya no sois unos niños… Familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, todo el mundo se considera con derecho a tratar un tema tan íntimo y tan personal como algo cotidiano.

La realidad es que ante un diagnóstico de infertilidad todas esas preguntas “inocentes” se convierten en armas arrojadizas, en agresiones directas a la persona y/o a la pareja… Y entonces hay que tener armas psicológicas para saber responder y que este tipo de conversaciones no supongan una erosión emocional innecesaria.

Si la pareja lo ha contado a su entorno más cercano, también se puede encontrar con la compasión o incluso con los silencios cuando entran en una habitación que se está hablando de familia, niños y embarazos; situaciones difíciles…qué hacer cuando alguien comunica su embarazo o envía una foto de una ecografía… También tiene que enfrentarse a consejos bienintencionados, “Tenéis que relajaros”, “seguro que es el estrés”, “quédate tumbada después de tener relaciones”, “hazle un conjuro a la luna llena, funciona”… ninguna enfermedad hepática o coronaria se cura yéndose de viaje, ¿por qué se va a curar milagrosamente la infertilidad?, ¿es un tratamiento irse de viaje?, ¿es culpable la pareja porque trabaja y está estresada?, además de tener que trabajar mucho o renunciar a otras cosas para pagar los costosos tratamientos de fertilidad…; es una enfermedad y como tal hay que tratarla, a veces tiene tratamiento y exitoso, pero no es algo pasajero que dependa de la voluntad del que lo padece ni se cura viajando.

Si la pareja ha decidido no contarlo sólo se tienen como apoyo el uno al otro y esto en los momentos duros del tratamiento puede ser insuficiente. El psicólogo servirá de canalizador del estrés de la pareja y les enseñará estrategias de afrontamiento para entrar en cada fase del tratamiento con más seguridad.

La persona y/o pareja que sufre la infertilidad se ven enfrentada con un estrés añadido, además de su enfermedad y el miedo que le produce lo desconocido, su tratamiento, su pronóstico,  etc., tiene el estrés social añadido. Acudir a la consulta de un psicólogo especialista en reproducción le ayudará a pasar por esta etapa de su vida de un amanera menos traumática.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que alrededor del 10% a 15% de las parejas tienen algún tipo de problema de infertilidad. A escala mundial, esto significa que entre 60 y 80 millones de personas la padecen. La tasa de infertilidad en España se sitúa entre el 15 y el 17 % de la población. ¿Estás seguro de que en tu entorno no conoces a nadie infértil?.