¿Los tratamientos de infertilidad arruinan la intimidad de la pareja?

Quedar embarazada debería ser un asunto íntimo, un asunto dentro de la privacidad  más absoluta del dormitorio y de la pareja… pero, para la pareja infértil, por desgracia no es así.  Su ciclo menstrual y su actividad sexual se ponen encima de la mesa del médico y con ellos parte del pudor y de la intimidad de la pareja. La deshumanización de la relación sexual es un proceso por el que pasan todas las parejas en tratamiento. Tener relaciones programadas en días y casi horas concretas, conlleva que hacer el amor se convierte en “hacer el coito”, la espontaneidad y el significado del sexo varían, parece que la relación sexual se reduce a una actividad, a un medio para un fin.  La pareja tiene que estar muy unida y tomar las riendas de su situación con otras armas, como por ejemplo, el humor o la banalización. Si toman este asunto demasiado en serio puede traer consecuencias nefastas… desde disfunciones sexuales hasta trastornos psicológicos. Preocuparse por las perspectivas de embarazo suele dejar poco espacio para el disfrute. Los sentimientos de desesperación pueden superar la conexión intima de la pareja. Y aún peor, cuando el tratamiento pasa de la intimidad de la habitación a las salas de los hospitales la pareja se siente aún más vulnerable, el marido se encuentra eyaculando en un bote y la mujer preparándose para la anestesia de la extracción de óvulos. El romanticismo de engendrar una nueva vida sencillamente, no existe.

Por ello, es muy importante no perder la comunicación emocional y tierna entre la pareja, ser consciente de que  la alteración de la vida sexual es uno de tantos impactos de la infertilidad en la pareja. Ponerle remedio, pensar que cuando la pesadilla termine el vínculo de la pareja será más fuerte y poderoso, potenciar otras áreas de disfrute y compartir más tiempo juntos, hablar, comunicar sus miedos y su esperanzas, en definitiva crear más intimidad.

Amarse de una manera diferente y no solo sexual, así la palabra intimidad tendrá entonces un significado más profundo y no se habrá perdido, se habrá ganado.